Educación en Innovación y las oportunidades para América Latina

Después de leer a Andrés Oppenheimer no puede evitar pensar en las grandes oportunidades que tienen las empresas en América Latina para lograr ser más sostenibles. Con esto no me refiero crecer en número de clientes y/o consumidores, sino a tener gente capacitada que creen soluciones asombrosas para mejorar la vida de ellos a través de sus productos, así como de su comportamiento como buen vecino, fortaleciendo a las comunidades donde hacen vida, es decir, gente y entornos que logren que las organizaciones sean más exitosas.

El éxito de una corporación no sólo se alcanza gracias a la habilidad de su CEO, sus directivos y trabajadores para vender más. También es necesario que exista un contexto sólido y sano, con comunidades que crecen, se reinventan, crean, innovan para sostenerse, para ser útiles a sus familias y comunidades. Ahora bien, para que esto último ocurra, se requiere un coalición social que construya bases para el desarrollo y más en esta parte del mundo que muchos la han calificado de desigual. Como bien lo relata Crear o Morir, estas bases están fundamentadas en una educación donde se valore la creatividad, la innovación y la tolerancia al fracaso y es aquí donde las empresas pueden asumir un rol importante, pues saben de esto y, más aun, necesitan que su entorno se fortalezca para sobrevivir en el futuro.

Si la preocupación por el futuro es continuar existiendo y ser útiles a la sociedad, entonces las compañías deberán, entre otras cosas, considerar en su estrategia de sostenibilidad las siguientes acciones:

Invertir para fomentar la pasión por la ciencia y la innovación en los próximos empleados y consumidores. Las escuelas y universidades de Latinoamérica aún educan bajo el esquema tradicional, donde el profesor es el sabio y los alumnos son solo receptores de información, así como el espacio para el análisis, la discusión, la creación e innovación no está dentro de las prioridades de este modelo. Teniendo esta realidad y observando la necesidad de las empresas de nuevas estrategias para la sostenibilidad, todo apunta a que la educación debe cambiar. Tan es así que varios países ya están adoptando fórmulas innovadoras, donde la educación se centra en la persona y en las posibilidades de ésta para crear y ser libre. El resultado son personas creativas que descubren soluciones extraordinarias para una mejor sociedad. ¿No es esto lo que buscan las empresas? Pues entonces es hora de cooperar, exigir y estimular para que esto pase. Bien sea a través de la responsabilidad social empresarial o en la influencia que tienen las empresas en la academia y en las políticas públicas, además de benefactor, como una voz que abandere las grandes posibilidades que tienen sus países si sus futuros líderes tienen habilidades para innovar y libertad para crear.

Educación en Innovación y las oportunidades en América LatinaEducar e innovar junto a la academia. La gran mayoría de los estudiantes que inician una pasantía o un trabajo, sufren el desencuentro entre lo que aprendieron en las aulas de la universidad y lo que en la realidad deben hacer en los puestos de trabajo. Algunos argumentan que la vida real es muy diferente, que el trabajo es por naturaleza distinto a la academia y naturalizan este hecho. Lo cierto es que la curva de aprendizaje que viven es muy larga, toma mucho tiempo lograr una comprensión y adecuación de sus roles y en mucho casos se les solicita que simplemente cumplan un procedimiento ya establecido. Al parecer esto ocurre porque durante 5 años, que es el promedio de tiempo de estudios universitarios en la región, los estudiantes no tienen un contacto sistemático con lo que ocurre en la vida laboral, no participan en grupos multidisciplinarios resolviendo situaciones o creando soluciones, ni escuchan a los que ya están trabajando.

La academia necesita reinventarse y adaptarse a la vida del futuro y las empresas necesitan gente formada para enfrentar grandes desafíos. Para ello, la alianza entre estos sectores será clave, pero deben superar las relaciones de dependencia económica. No solo se trata de financiar,  sino también de compartir conocimiento, alimentar los contenidos que ven los alumnos en las aulas de clases con las experiencias actuales de las organizaciones, promover la participación para discutir cómo abordar y resolver situaciones a través de la creatividad. Esto será útil para ayudar a los jóvenes a estar listos para asumir con naturalidad sus roles como un empleado o para emprender, si así lo desean.

Compartir cómo lo hacen y qué no les ha funcionado. Es claro para todos que las empresas ocultan las maneras, los métodos y hasta la tecnología que emplean para hacer las cosas. Y es lógico, quieren ganarle a la competencia y evitar que otros roben su conocimiento y pierdan participación. Pero es necesario decir que existen otros que hoy lo están haciendo distinto. Tal es el caso  (los más famosos exponentes de la gastronomía peruana en el mundo) y otros tanto que, como reseña Oppenhimer en su última obra, abrieron las puertas al conocimiento que generan sus corporaciones, compartiendo cómo lo hacen, convirtiéndose en organizaciones exitosas que facturan millones de dólares a la vez que colaboran con otros, quizás más pequeños, a que lo logren también.

No dudo que surja la pregunta: ¿por qué compartir lo que saben las organizaciones? Hay muchas respuestas para ello. En primer lugar, las empresas generan conocimiento útil que puede contribuir a resolver problemas sociales que afectan a todos. Esto indica que uno de los valores que debe tener toda empresa es la Solidaridad, compartiendo lo que sabe. En segundo lugar, ayudará a las generaciones futuras a evolucionar, lo quiere decir que compartir conocimiento abre una puerta de posibilidades para que, los que vienen detrás, encuentren maneras eficientes de hacer las cosas e identificar qué quieren y cómo quieren que sea el futuro. Por último,  ayuda a humanizar a las organizaciones siendo más cercanas a la población, más queridas, con seguidores que son fieles y que colaboran con su crecimiento. Las organizaciones más abiertas y colaborativas que además se preocupan por la educación de los que están por nacer, podrán dar por descontado la continuidad de su éxito.